 |
Al día siguiente pedí a un estudiante el número telefónico de R y me dispuse a llamarlo para concertar una cita y llevar a cabo la tan esperada entrevista. Tomé el auricular del teléfono y cuando estaba por marcar el primer número, una hermosa mujer de unos 40 años de edad, ataviada con un vestido floreado y llevando un bolso de mano colgado del hombro, se dejó ver a través de la puerta de cristal de mi oficina y, con una sonrisa me pidió permiso para entrar, al mismo tiempo que daba vuelta a la manija y sin más, me saludó alegremente sin importarle que yo estuviera con el auricular del teléfono pegado a la oreja.
- Perdón- dijo, tengo un poco de prisa y sólo quiero saber si es posible que a mi edad estudie aquí la carrera de composición. Hago música desde hace tres años. Estudio en un taller de composición, pero quisiera profundizar. Yo había colgado el teléfono y observaba a esa persona que pedía informes para ingresar a la escuela, y que resultaba ajena a la comunidad estudiantil. Pensé: Esta mujer estudia y crea música desde hace tres años. Debe saber música teórica, armonía, análisis y contrapunto, debe conocer los estilos académicos y populares. Quizá entienda de instrumentación y orquestación.
Propuse a la dama la realización de un examen de ubicación, pero ella se negó, su interés era iniciar. Le aclaré que eso significaba empezar por la notación musical.
- Yo no sé las notas y quiero aprender a leerlas- me dijo.
Esa respuesta fue para mí como una revelación. No tuve que preguntarle el nombre de su maestro.
|