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Agradecimiento



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  Ma. Antonieta Lozano comparte más de su carrera

 


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Al parecer, este año ha sido muy prolífico para nuestra colaboradora, la maestra María Antonieta Lozano en cuanto a Premios y Reconocimientos. En esta ocasión fue blanco de atención y homenaje dentro de las festividades del muy reputado encuentro Instrumenta Oaxaca 2008. Amablemente ha compartido con todos nosotros su discurso de agradecimiento pronunciado hace algunas semanas en aquellas latitudes mexicanas. Aquí la reproducción íntegra:
El día 31 de julio, en el teatro Macedonio Alcalá de Oaxaca, se organizó un doble homenaje: a Don. Telésforo González Melo, laudero mixteco, y a mi persona. He querido compartir con los lectores de music:life mi discurso de agradecimiento a tan gran honor, y también mi emoción por el estreno mundial de 14 miniaturas para piano que ejecutó la pianista Edith Ruiz y que fueron compuestas y dedicadas a mí por 14 de mis ex estudiantes. Las partituras me fueron entregadas en un precioso álbum de papel reciclado.
Este es un día memorable en mi vida profesional.
Mi agradecimiento a Instrumenta por este reconocimiento y por haberme dado la invaluable oportunidad de compartir este día de homenajes con ese notable laudero de la sierra de Oaxaca que es el maestro Don Telésforo González Melo. Me siento emocionada.
Sin embargo, me veo precisada a manifestar que este homenaje es un honor que debo compartir con todos aquellos que han estado a mí lado en los momentos buenos, malos, peores y mejores; los que conmigo recorrieron el mundo en giras no remuneradas pero si enriquecedoras; los que se han arriesgado conmigo en aventuras, amargas algunas, grandiosas otras; los que se han quedado a mi lado cuando el CIEM ha pasado por situaciones poco alentadoras; los que han festejado conmigo las alegrías del éxito; los que junto a mí se enfrentan día con día al complicado y maravilloso quehacer de la enseñanza de este arte invisible, intransferible e inexplicable, tan cerca de la filosofía y tan vinculado con las matemáticas. Todos juntos formamos el cuerpo y la mística de esta escuela creada, hace ya cuarenta años.
Yo trabajaba entonces en La Casa del Lago. En ese tiempo, cuando la violencia se desataba en muchas partes del mundo, un número significativo de músicos sudamericanos, por alguna razón, llegaron a la capital de la república. Su disposición a seguir estudiando y trabajando los llevó de una escuela a otra sin lograr su ingreso debido a que, todos ellos, rebasaban la edad máxima de aceptación contemplada en los estatutos de las escuelas. Entonces buscaron a alguien suficientemente aventurero y obstinado que estuviera dispuesto a recorrer con ellos un camino no transitado en la enseñanza de la música: la formación de compositores y arreglistas profesionales en personas mayores de los 17 años. Me encontraron, y yo, curiosa, acepté el reto, vislumbrando la posibilidad de aplicar, para la solución de problemas en la música, la práctica docente y los conocimientos pedagógicos que yo adquiriera en la Escuela Nacional de Maestros. Debo, en especial al grupo argentino Sananpay, mi agradecimiento por haberme brindado, con su reclamo de auxilio, la motivación primera para iniciar el trabajo de investigación que ha sido la razón de mi vida y la mística subsecuente del CIEM. Gracias al Director del grupo Naldo Labrín, a Delfor Sombra, a Caíto, hace poco fallecido, a Lupita Pineda.
Ellos fueron algunos de los primeros músicos que pusieron en mis manos sus proyectos profesionales.
También llegaron otros folkloristas y otros más que no lo eran. Cada uno representaba para mí un reto pedagógico, la edad, los oídos dañados por los altos decibeles, los vicios en los sistemas de enseñanza y la presencia sombría de los diletantes de la docencia.
Llegó un momento en que se hizo necesaria la formación de maestros. Pero, para formar docentes capaces de enfrentar y dar solución a todos esos males, es importante que hayan crecido como músicos con las mismas herramientas que usarán como maestros. Las clases de pedagogía las inicié con mis estudiantes.
Nace el CIEM, como institución en 1975. Desde entonces los maestros ya formados como músicos e investigadores, se van al extranjero, algunos regresan con sus posgrados, otros sólo mandan sus partituras en e-mails informativos de sus éxitos. Nosotros seguimos estudiando e investigando la música y la pedagogía.
Los cimientos primarios del CIEM fueron las necesidades profesionales de los entonces estudiantes que ahora son los músicos, los investigadores y los maestros, que forman a otros músicos, a otros investigadores y a otros maestros: Victor Rasgado, José Julio Díaz Infante, Sina Engelmann, Tomás Barreiro, Cuauhtli Ramírez, entre muchos otros. Los maestros más jóvenes, los recién formados: Martín Capella, Felipe Noriega, Carlos Barrasa; los que están doctorándose en el extranjero: Enrico Chapela, Omar Rojas; los que están creando escuelas en la provincia: Rodrigo Sigal. Los compositores que junto con los anteriores maestros enriquecen con su arte la cultura de este país: Gerardo Tamez, Alejandro Castaños, Felipe Waller, Marcela Rodríguez, Ernesto García de León, Gabriela Ortiz, Horacio Uribe, Rodrigo Valdez Hermoso, Andrés Franco y… bueno, me tomaría mucho tiempo nombrarlos a todos.
Ellos, en algún momento fueron estudiantes, en algún momento de su existencia se atrevieron a poner en las manos de esa curiosa y obstinada persona, su proyecto de vida profesional. Yo debo ahora agradecer infinitamente esa confianza, que de no haberla habido, el CIEM no existiría, y yo, por más curiosa y obstinada que hubiera sido, no estaría aquí recibiendo este homenaje y haciéndome escuchar por ustedes.
Formar artistas y maestros de artistas es un trabajo delicado. La creación artística, como proceso mental, es un misterio. Existen, desde luego, los contenidos que son impartidos en todas las escuelas de música, pero las herramientas y técnicas de trabajo composicional e interpretativo que se adquieren en la escuela, son finitas. La música, en cambio, es infinita, su esencia es la imaginación, la metáfora sonora; es el resultado de la intuición creadora del músico artista que ofrece visiones de la absoluta irrealidad, y eso… no se puede enseñar.
Sólo un maestro artista puede impregnar de esencia artística los contenidos de su materia, los estudiantes creativos reconocerán la señal, y pronto reconocerán al impulso creador como la posibilidad inimaginable de comunicarse con el mundo.
Gracias
… a los maestros artistas que trabajan en este proyecto.
… a los que han trabajado antes.
… a los estudiantes que incentivan permanentemente las investigaciones músico-pedagógicas que realizamos en el CIEM
… a Instrumenta por este homenaje


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